El clásico comentario hacia una pareja de lesbianas es: ¿Pero vosotras hacéis la tijera?
La respuesta corta es sí. La respuesta larga es: sí, algunas; otras no; otras la hacen de una forma completamente diferente a la que estás imaginando y otras la probaron una vez y no encontraron el punto.
Empecemos por el principio: ¿qué es la tijera?
Durante muchísimo tiempo, la tijera se ha utilizado como una representación casi universal del sexo entre mujeres. Pues sentimos deciros que no.
Hay mujeres lesbianas y bisexuales a las que les gusta, otras que no la practican nunca y otras para las que simplemente es una posibilidad más dentro de un repertorio sexual muchísimo más amplio.
Así que no: hacer la tijera no te hace más lesbiana y no hacerla tampoco provoca la retirada inmediata de tu carnet oficial de bollera.

Quizás toca reinventar la tijera.
Y aquí viene nuestra defensa de la pobre tijera, porque tampoco tiene ella la culpa de haberse convertido en un cliché.
En lugar de pensarla como “esa postura que hacen las lesbianas”, podemos entenderla simplemente como otra forma de explorar el cuerpo de la persona con la que estamos.
El roce permite prestar atención a sensaciones que a veces quedan en segundo plano: el contacto de las piernas, las caderas, el abdomen, la presión, el movimiento o la temperatura de la piel.
Y, sobre todo, permite jugar.
Puedes probar una posición y cambiarla treinta segundos después. Puedes descubrir que necesitas un cojín debajo. Puedes darte cuenta de que esa postura que parecía increíble en tu cabeza resulta ser un ejercicio de pilates avanzado. Puedes hacerte un lío monumental con cuatro piernas, partirte de risa y volver a empezar.
Eso también forma parte del sexo.
Y no, tampoco pertenece exclusivamente a las lesbianas.
Aunque culturalmente la asociemos al sexo entre mujeres, las posturas sexuales no tienen orientación sexual.
La exploración del roce genital y corporal puede formar parte de las relaciones sexuales de personas con cuerpos, genitales, géneros y orientaciones diferentes. Lo importante es encontrar formas que funcionen para quienes están participando.
Porque quizá la verdadera reinvención de la tijera sea precisamente esa: dejar de pensar que existe una manera concreta de practicarla y empezar a adaptarla a nuestros cuerpos, deseos y límites.
La conclusión final
¿Las lesbianas hacen la tijera? Sí.
¿Todas? No.
¿Es una postura exclusivamente lésbica? Tampoco.
¿Puede ser placentera? Para algunas personas, muchísimo.
¿Tienes que hacerla porque mantienes relaciones con mujeres? Absolutamente no.
Porque si algo queremos reivindicar desde Fulanita es que el buen sexo no consiste en cumplir posturas ni seguir un guion, sino en descubrir qué nos gusta, comunicarlo y disfrutarlo.
Y ahora que hemos resuelto una de las grandes incógnitas de la humanidad… ¿Qué otro mito sobre sexo entre mujeres queréis que desmontemos?
Celia Naranjo – Psicóloga Socio – Comunitaria y Sexóloga