¿Se puede trabajar la tensión sexual?


La tensión sexual no aparece por arte de magia, aunque a veces lo parezca con ciertas personas.

Se construye, se cuida y se alimenta. Y cuando lo haces bien… se nota. En el cuerpo, en la cabeza y en las ganas.

La vida sexual es una parte esencial de nuestro bienestar físico, emocional y relacional (de hecho, te hemos dejado varios posts hablando de diversos temas sobre sexualidad). No sólo tiene que ver con el placer, sino con la conexión, la autoestima y la forma en la que nos vinculamos. 

Peeeero… muchas veces llegamos a los encuentros íntimos con pocas herramientas, muchas ideas aprendidas regular (y si vienen del porno lésbico… muchísimo peor) y sobre todo una educación afectivo-sexual bastante escasa.

La buena noticia: todo esto se puede trabajar. Y aquí te contamos cómo empezar a subir la temperatura antes, durante y después del sexo, sin prisas, sin presión y con mucho disfrute.

Antes del sexo: donde empieza todo

(Sí, mucho antes de desnudarse)

El pre-sexo es una de las claves más potentes para generar tensión sexual. Aquí es donde se juega con la anticipación.

  • Calienta el ambiente con el lenguaje: El doble sentido es un arte. Malinterpreta frases cotidianas a tu favor, añade picardía y dale a la conversación una vibra juguetona. El cerebro es el primer órgano sexual, ya lo sabes.
  • Coquetea sin miedo: Flirtear, provocar, desafiar… todo eso dispara la química.
  • Muestra seguridad y actitud: La seguridad y la autoestima son tremendamente eróticos. No va de dominar, va de saber lo que quieres y encima disfrutar queriéndolo.
  • Haz sentir deseada a la otra persona: Saber que gustas, que excitas, que atraes… eso enciende muchísimo.
  • Maneja la mirada y los silencios: Sostener la mirada, bajarla lentamente… a veces no hace falta decir nada más.
  • Sexting con cabeza y deseo: La anticipación es un afrodisiaco brutal. Pide lo que deseas, expresa fantasías y juega con el “luego”. Siempre desde el consentimiento y la seguridad.

Durante el sexo: presencia, cuerpo y mente

Aquí no se trata de correr, sino de sentir.

  • Crea un ambiente que envuelva: Música, luz (por ejemplo roja), aromas (hay algunas velas que la cera sirve para dar masajes)… el contexto importa y mucho.
  • Mimo, caricias y ritmo: Empieza suave, lento, sin prisa. Aumenta la intensidad poco a poco. Si vais muy rápido puede que se pierda todo.
  • Erotismo mental: Susurrar, hablar sucio si os apetece, morderse el labio, contacto visual… el juego psicológico suma muchísimo.
  • Juegos de rol y fantasía: Probar otros papeles, escenarios o dinámicas puede añadir una dimensión nueva y excitante. Todo vale si hay acuerdo y ganas.
  • Explora posiciones y sensaciones: Hay personas más visuales, otras más sensitivas. Experimentar ayuda a descubrir qué os enciende más.
  • Aliados del placer: juguetes sexuales: No vienen a sustituir nada, vienen a sumar. Intensidad extra garantizada.
  • Escucha (de verdad): Respiración, jadeos, palabras, silencios… cada cuerpo es distinto. Salir del piloto automático es clave.
  • Placer mutuo siempre en el centro: Cuando el foco está en disfrutar juntas, la tensión y la atracción se multiplican.

Después del sexo: donde la conexión se consolida

El post-sexo no es un extra. Es parte fundamental del encuentro.

  • Comunicación positiva: Compartir qué os gustó, qué os excitó más, qué fue especial… Ojo, que esto puede llevar a una segunda ronda 😉
  • Afecto y cercanía (aftercare): Abrazarse, besarse, quedarse juntas. El contacto después del sexo refuerza el vínculo emocional.
  • Pensar en lo que vendrá: Hablar de deseos, fantasías o cosas que os gustaría probar aumenta la anticipación y mantiene viva la llama.
  • Tiempo de calidad fuera de la cama: Reír, compartir planes, conversaciones, experiencias… todo eso también es erótico, aunque no lo parezca.

Para terminar (pero no cerrar): la sexualidad se cultiva

Mejorar la vida sexual no va de hacerlo “mejor” según nadie, sino de hacerla más consciente, libre y placentera. La autoexploración, la educación sexual, la comunicación abierta y el cuidado personal son pilares básicos para disfrutar más y con menos presión.

Cada persona y cada vínculo es único. Lo importante es la curiosidad, la empatía y las ganas de seguir explorando juntas.

Y ahora te lanzamos la pregunta final
¿Qué haces tú para aumentar la tensión sexual?

Te leemos.

Celia Naranjo – Psicóloga Socio – Comunitaria y Sexóloga

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