¿Cuánto conoces realmente tu vulva? Probablemente menos de lo que conoces otras partes de tu cuerpo. Y no es casualidad: durante años hemos hablado poquísimo de nuestros genitales y, cuando lo hemos hecho, muchas veces ha sido desde la vergüenza, los complejos o directamente la desinformación.
Así que hoy toca mirarnos un poquito más de cerca. Porque conocer nuestra anatomía también es una forma de conocer nuestro cuerpo, entenderlo y disfrutarlo.
Una aclaración: hablaremos en femenino, pero nos referimos a todas las personas con vulva.
Primero: vulva y vagina no son lo mismo
Empecemos desmontando uno de los errores más habituales: llamar vagina a todo lo que vemos.
La vulva es la parte externa de los genitales y engloba diferentes estructuras. La vagina, en cambio, es el conducto interno que conecta la vulva con el cuello del útero.
Vamos, que eso que llevas toda la vida llamando vagina probablemente sea, en realidad, tu vulva.
Anatomía de la vulva: ¿Qué tenemos ahí abajo?
Aunque cada vulva es diferente, estas son algunas de sus principales partes:

Monte de Venus
Es la zona situada sobre el hueso púbico. Está formada principalmente por tejido graso y, a partir de la pubertad, suele estar cubierta de vello.
Labios externos
También conocidos como labios mayores, son los pliegues exteriores que rodean y protegen otras estructuras de la vulva.
Su tamaño, grosor y color pueden ser muy diferentes de una persona a otra. Y sí: pueden ser bastante más oscuros que la piel del resto del cuerpo.
Labios internos
Aquí empieza uno de los grandes dramas estéticos que nunca deberían haber existido.
Los labios internos (tradicionalmente llamados labios menores) pueden ser pequeños, grandes, simétricos, asimétricos, sobresalir de los externos o quedar completamente dentro.
Importante: No existe una forma correcta de tenerlos.
Además, durante la excitación aumenta el flujo sanguíneo de la zona, por lo que pueden hincharse y cambiar temporalmente de aspecto.
Uretra
Sí, tenemos tres orificios diferentes (uretra, vagina y ano) por esta zona y esto no nos lo explican en el colegio.
La abertura de la uretra es por donde sale la orina y se encuentra entre el clítoris y la entrada vaginal. Es muy pequeña, así que puede costar verla.
Clítoris
El gran protagonista: La parte que vemos desde fuera es solo una pequeña parte del clítoris. Gran parte de su estructura se encuentra en el interior del cuerpo y se extiende alrededor de la vagina.
Es un órgano especialmente sensible y dedicado exclusivamente al placer. Pero recuerda: cada cuerpo responde de manera diferente. Lo que resulta agradable para una persona puede no serlo para otra.
Entrada vaginal
Aquí comienza la vagina propiamente dicha: un conducto muscular interno que comunica la vulva con el cuello del útero.
Por eso vagina y vulva no son sinónimos. Una está dentro; la otra engloba las estructuras externas.
Glándulas
Glándulas
Por la zona vulvar también encontramos diferentes glándulas, como las de Bartolino y las parauretrales, que participan, entre otras funciones, en la lubricación.

Tu vulva no tiene que parecerse a ningún otra
Esta parte es importante.
Nos han enseñado una imagen extremadamente limitada de cómo supuestamente debe ser una vulva: pequeña, rosada, simétrica, depilada y con los labios internos prácticamente invisibles.
La realidad es muchísimo más diversa. Las lesbianas sabemos de lo que hablamos 😉
Hay vulvas claras y oscuras, labios internos que sobresalen y otros que no, clítoris más o menos visibles, asimetrías, diferentes cantidades de vello…
Y todo ello puede formar parte de una anatomía completamente normal.
Comparar tu vulva con la que has visto en el porno, en una ilustración o incluso con la de otra persona tiene aproximadamente el mismo sentido que preocuparte porque tu nariz no sea idéntica a la de tu amiga.
¿Y el famoso punto G?
Aquí podríamos abrir un melón bastante grande, así que hoy simplemente vamos a decir algo importante: no existe evidencia de un “botón mágico” que garantice orgasmos increíbles a todo el mundo.
Se habla más correctamente de una zona de la pared anterior de la vagina que puede resultar especialmente sensible para algunas personas. Para otras, no.
Y ambas cosas son perfectamente normales.
El placer no funciona siguiendo un mapa universal: depende de nuestra anatomía, sensibilidad, experiencias, contexto y preferencias.
Conocerla también es cuidarla
¿Cuántas veces has mirado detenidamente tu propia vulva?
Conocer su aspecto habitual —su forma, color, textura o incluso su olor— puede ayudarnos no solo a reconciliarnos con nuestros genitales, sino también a detectar cambios.
Puedes observarla con un espejo, identificar sus diferentes partes y simplemente familiarizarte con ella. No hace falta convertirlo en un ejercicio sexual ni buscar necesariamente placer.
Aunque, evidentemente, conocer nuestro cuerpo también puede ayudarnos a descubrir qué nos gusta y qué no cuando hablamos de sexualidad y masturbación.
Quizás ya era hora de conocerla.
Nos han enseñado a depilarla, esconderla, perfumarla, compararla e incluso avergonzarnos de ella.
Pero curiosamente, no siempre nos han enseñado cómo es realmente.
Así que quizá el primer paso sea mucho más sencillo: mirarla, conocerla y entender que no tiene que parecerse a ninguna otra, ya que hay tantas vulvas como personas.
Celia Naranjo – Psicóloga Socio – Comunitaria y Sexóloga